El cielo de Mapia

¿Qué se siente cuando un hijo nos dice que se va a vivir en otro país? Creo que siempre es una mezcla de tristeza y felicidad. Nos repetimos: está buscando su destino. Sólo nos van a separar unas pocas horas de vuelo, según la ciudad que elija. Pero… ¿qué se siente cuando un hijo nos dice que se va a vivir en medio del Amazonas? Ahí la sensación es distinta … aparecen la angustia y la incertidumbre junto con una catarata de preguntas. El viaje puede durar tres días: avión, automóvil y, finalmente, unas seis o siete horas de canoa, navegando por el río. Y eso fue lo que hicimos. Necesitábamos acercarnos a su realidad, conocer a la gente con la que vive, el paisaje que lo rodea y lo abraza, el aire que respira, el agua que bebe y el río en el que nada. Al llegar él nos dijo:

"La fe mueve montañas, y el amor los movió a ustedes."

Y sí. Tenía razón. El amor fue el motor que nos llevó hasta él en este largo viaje. Un viaje que por momentos pensábamos que no terminaría nunca.

Pero… debo confesar que ahora creo que vive en un paraíso.

Encontró el amor y es amado. Formó una familia. Tiene todo lo que necesita para vivir y ejerce, cada día, su libertad.